Abre la puerta lo menos posible y, cuando la abras, hazlo por poco tiempo – Este gesto tan sencillo es fundamental para evitar la pérdida de frío y ahorrar dinero. Si mantienes la puerta abierta durante mucho tiempo, el frigorífico necesitará emplear más energía para mantener la temperatura constante, lo que se reflejará, no sólo en tu factura a final de mes, sino también en una peor conservación de tus alimentos, corriendo el riesgo de que se echen a perder antes de tiempo.

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